Los jóvenes cantantes interpretan una canción del clásico del cine, "Oklahoma!".

Alejandro Márquez y María Leticia Hernández se conocieron durante su niñez, cuando ninguno de los dos pensaba que algún día terminarían presentándose juntos en un concierto junto a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, evento que ocurrirá el sábado 11 de agosto, en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

La velada musical lleva por título “La magia y el encanto de Broadway”, porque los cantantes líricos entonarán piezas que forman parte del repertorio de obras legendarias como “Cats”, “The Sound of Music”, “Show Boat”, “Evita” y “Oklahoma”, entre otras.

Nosotros tenemos una historia muy curiosa porque cuando yo empecé a cantar mi primera maestra fue Hilda Ramos, que es su mamá. Mami siempre ponía la película de 'The Phantom of the Opera' y él estaba fascinado con Andrew Lloyd Webber”, contó Hernández en referencia a Márquez.  

Precisamente, canciones de este musical también formarán parte de la velada.

Para ambos artistas, esta ocasión representa una oportunidad para acercar a un público más amplio al canto lírico, por el interés que suele generar este tipo de propuesta que integra música más conocida que las piezas clásicas. Incluso, los dos coinciden en que es un concierto ideal para tener una primera experiencia con la ópera y “cogerle el gusto” a esta expresión artística.

Comprometidos con la música 

En el caso de Márquez, el vínculo con el canto lírico inició cuando su madre, la reconocida soprano Hilda Ramos, cantaba durante su embarazo. Más adelante, fueron muchas las veces que lloró viéndola sobre el escenario, pues ella solía interpretar roles en los que moría o la mataban.

“Yo decía: pero qué le están haciendo”, recordó entre risas. 

En la universidad, el joven estudió actuación pero también surgió el interés por explorar la profesión de su madre, así que empezó a tomar clases con ella y otros profesores.

“Lo cogí en serio cuando participé y gané el primer lugar en la competencia UPR Canta. Me acuerdo que una señora que era familia de la concursante que llegó en segundo lugar me dijo: tú tienes que estudiar canto' ”, explicó.

 En 2015, el cantante interpretó el rol principal en las funciones que organizó la Parroquia Santa Bernardina de la pieza “El Fantasma de la Ópera”. Luego de eso, la experiencia que le confirmó su vocación por el canto fue llegar hasta la Casa de Ópera de Oslo para participar de la ópera “A Little Night Music”. 

“Todos los días pienso en ese momento. Noruega me cambió”, aseguró el cantante.

En agosto, Márquez iniciará una maestría en canto en el  New York Brooklyn College, con la meta de continuar su desarrollo profesional. Su madre se mantiene apoyándolo y aconsejándole acerca de cómo manejar la carrera. 

 Hernández, por su parte, comenzó a tomar clases de canto a los 12 años, luego de que sus padres y su hermana notaron que tenía buena voz.

Empecé cantando música folclórica, cantaba danzas. Y cuando Marc Anthony cantó ‘Preciosa’ en el especial del Banco Popular yo la cantaba todo el tiempo”, recordó la artista, quien dedicó todos sus viernes en la tarde a tomar clases con Ramos.

Luego llegó su primera lección de música clásica y fue cuando por fin entendió lo especial de saber manejar la voz. Sus planes de estudiar Derecho quedaron en el olvido porque quiso seguir explorando su instrumento con estudios formales en el Conservatorio de Música de Puerto Rico y el Manhattan School of Music.  

 “Un momento pivote en mi vida fue cuando gané las competencias del MET (The Metropolitan Opera) en 2013 y luego en 2014”, rememoró la artista.

 A partir de estos logros surgieron muchas oportunidades de presentarse en distintas plazas dentro y fuera de Estados Unidos.

Al evocar lo que significa para ella la música, Hernández no puede contener las lágrimas. Siente que su profesión es una donde está a prueba constantemente y ninguna presentación es pequeña porque nunca se sabe quién está observando y qué oportunidad puede surgir o perderse.

 Sobre todo, el canto lírico exige una tremenda disciplina y control mental para aprender a manejar la voz, una herramienta que no se puede manipular con las manos sino -en gran medida- con una fuerza interior que emana del corazón.


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