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En mayo de este año, cuando todavía no se cumplía un año del embate del huracán María, la cantautora niuyorrican Alynda Segarra, de la banda de rock independiente Hurray for the Riff Raff, sorprendió con un poderoso y emotivo vídeo de su canción “Pa’lante”, el cual fue grabado en Puerto Rico después del ciclón.

En el visual, dirigido por Kristian Mercado Figueroa y que contó con la actuación estelar de Mela Murder (“Florida Project”), se retrataba la historia de una pareja que después del huracán María hace todo lo posible por sobrevivir, por continuar.

Hasta ese momento, era poco lo que se conocía en el país de Alynda Segarra, una intérprete de 31 años nacida en el Bronx y de padres puertorriqueños, que desde que lanzó su banda en el 2007 ha recibido muy buena crítica de la prensa especializada. Con ese vídeo y esa canción, que es un grito de fuerza para todas esas personas que siguen intentándolo a pesar de los obstáculos y en la que aparece la voz del fenecido poeta niuyorrican Pedro Pietri, Alynda se hacía un lugar en esta tierra con la que se reencontró en su última producción discográfica: “The Navigator”.

Las canciones de este álbum, así como otras de su repertorio, las presentará hoy, jueves, en lo que será su primer concierto en Puerto Rico junto a su banda. El evento se llevará a cabo libre de costo en el local La Respuesta, en Santurce, pero se estarán recaudando fondos para la organización PRIMA que, tras el huracán María, ha brindado ayuda a diversos artistas y bandas locales independientes. Previo al concierto, el público disfrutará de la música de los artistas locales Fernandito Ferrer, Lizbeth Román y Eduardo Alegría con su banda Alegría Rampante.

“Para mí es bien importante hacer este concierto con toda mi banda porque quiero compartir mi música con Puerto Rico y quiero recibir inspiración de toda esa gente que está haciendo música contemporánea en el país. ¡Es un sueño hecho realidad!”, expresa Alynda, en entrevista telefónica. La cantautora, quien se excusa por hablar muy poco español, arribó el domingo al país y aprovechó sus primeros días para entregar en distintas escuelas de Orocovis, Morovis y Humacao varios instrumentos que le fueron donados por el Newport Folk Festival.

Aunque creció rodeada de las tradiciones boricuas, no fue hasta su adultez que Alynda Segarra redescubrió sus raíces. Durante sus años de infancia se identificaba más con la cultura anglosajona, con el rock de John Lennon y Patti Smith, que con la salsa o el latin jazz que escuchaba su padre, con quien aprendió a cantar, mientras él tocaba el piano.

“Sentía que estaba defraudando a todo el mundo, que no encajaba con nadie y todo era muy confuso. Mi padre estaba tan orgulloso de su cultura, sobre todo con respecto a la música, a la poesía y al arte, y no dejaba que nos olvidáramos de dónde veníamos. Pero sentía que la manera en la que lucía no encajaba. Era muy tímida, no sabía bailar y mis intereses no iban acorde con esa cultura. Me sentía como una nerd”, comenta Alynda, quien a los 17 años huyó de su hogar saltando de tren en tren.

A los 18 años, la cantautora arribó a la ciudad de Nueva Orleans, donde halló en la música la esperanza que había perdido. Armada con su guitarra comenzó a cantar en diversos bares y locales, hasta que eventualmente creó su propia banda de rock independiente con la que interpreta letras cargadas de críticas sociales y políticas. No duda en decir que la música fue su ancla, la herramienta que le ayudó a sanar. “En un momento de mucho caos y desolación en mi vida, la música me ayudó a tener esperanza y a sentirme con ganas de estar viva”, confesó.

Con cuatro discos a sus espaldas, Alynda estaba satisfecha con su carrera, pero todavía sentía que faltaba algo por hacer. La muerte de su abuela Gilda, en el 2014, le ayudó a llenar ese vacío, pues le ayudó a reencontrarse con sus ancestros y sus raíces.

“Ella era el eslabón que nos unía y nos mantenía conectados en Nueva York, pero a la misma vez fue la que siempre nos enfatizó de dónde veníamos. Era la matriarca de la familia. Cuando murió me di cuenta de todo lo que tuvo que pasar para yo estar hoy donde estoy. Pensé en ella y en todas las mujeres de mi familia y fue el momento en que me percaté que me tocaba dejar ese legado. Que tenía la responsabilidad de continuar su trabajo a mi propia manera”, dice.

De ese proceso nació de “The Navigator”, para el que se sumergió en una introspección personal y en una investigación rítmica, donde escuchó a La Fania, Héctor Lavoe y los Ghetto Brother -un grupo del Bronx de los años 70-, que le sirvieron de guía e inspiración.

Resulta curioso que después de toda esta travesía, Alynda regrese hoy a la tierra de sus padres para realizar su primer concierto en la isla que será un “regalo” a sus ancestros.

“Es honrarlos espiritualmente y decirles que los reconozco y que esta es la tierra de donde venimos”, concluyó Alynda, quien tras saltar de tren en tren finalmente encontró su camino.


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