El protagonista y director de "A Star is Born" explica cómo los personajes de la película conectan de una forma inolvidable.

Uno de los mejores cumplidos que se le puede dar a la versión contemporánea de “A Star Is Born” es que toma todas las convenciones de las encarnaciones anteriores y logra transformarlas en algo nuevo que llega a la pantalla con una profundidad dramática indiscutible.

Esta versión de Warner Brothers que estrena hoy en los cines de la isla es la cuarta vez que la historia del amor imposible entre un famoso atormentado y una talentosa desconocida llega a la pantalla grande y marca el debut de Bradley Cooper como director.

El trabajo del artista detrás de las cámaras es impresionante y no solo porque esta sea su óera prima. Su dominio total del medio logra liberar esta historia de gran parte de sus clichés y elementos de fórmula y le entrega al público un romance cinematográfico embriagante y poderoso. Además, también asume el reto de interpretar uno de los roles protagónicos

La otra razón por la cual esta versión de “A Star Is Born” jamás pasaría desapercibida por los cines es que la producción tiene a Lady Gaga en su primer rol protagónico en la pantalla grande. Su interpretación de Ally, una cantante con un talento indiscutible que se ha resignado a vivir en el anonimato porque su apariencia no va con las normas de belleza convencionales, es extraordinaria y aún más impresionante considerando que su personaje queda atrapado por algunas de las imperfecciones del guion durante la última sección de la historia. Aun así, su naturalidad y honestidad emocional en todos los contextos dramáticos de esta historia es uno de los muchos tesoros de esta producción. Mejor que ella está Cooper, lo cual no debería ser una sorpresa considerando que como guionista y director se concentra en que Jackson Maine, una estrella de rock que ahoga su melancolía con alcohol, registre como una figura trágica de carne y hueso.

El acierto más grande de la producción reside en la forma en que la dirección de Cooper logra que las altas y bajas extremas del romance entre Ally y Jackson sea una experiencia visceral para el espectador. Como es de esperarse, la primera sección del filme, que establece la conexión musical y emocional entre los protagonistas, es la más gratificante lo cual es acentuado por momentos de pura magia cinematográfica. Estos incluyen la escena en que Jackson conoce a Ally cantando “La Vie en Rose” en una barra, el momento en que los dos improvisan su primera canción juntos y las secuencias que muestran como Jackson, su banda y el público de sus conciertos se enamoran de forma colectiva de Ally y su talento.

Al igual que en la versión de Barbra Streisand y Kris Kristofferson, la química entre Bradley Cooper y Lady Gaga es tangible y su trabajo actoral logra que las disfunciones que descarrilan el romance se sientan como obstáculos genuinos y no las manipulaciones obligatorias de un melodrama.

Aunque en los próximos meses, los protagonistas de esta versión están destinados a una avalancha de  nominaciones y otros reconocimientos, la veracidad de sus interpretaciones es emulada por el elenco secundario del filme. Entre ellos se destacan Sam Elliot, como el hermano mayor de Jackson y los comediantes David Chapelle, interpretando a l mejor amigo de Jackson,  y Andrew Dice Clay como el padre de Ally. La participación de los últimos dos es breve pero su sutileza y efectividad dramática es un tributo a la dirección de Cooper.

El manejo firme de la dirección es lo que sostiene al filme durante su sección más problemáticas, cuando la relación entre Ally y Jackson entra en crisis mientras ella llega al estrellato y él pierde su carrera por abusar del alcohol. La debilidad más grande de esta sección es que el libreto y la dirección no logran presentar los puntos de vistas de los protagonistas de forma balanceada.

El guion dicta que cuando Ally llega al éxito, esto la desconecta de sus instintos creativos para hacer música genuina, algo que registra como una manipulación y no se explora de una forma genuina. En contraste, esta sección reafirma a Jackson como el protagonista del filme, y su depresión y su lucha con su adicción al alcohol registra con una veracidad lacerante. Esto resulta curioso dado en que todas las versiones anteriores el rol protagónico es el femenino y los problemas del personaje masculino siempre son un trampolín fácil para aterrizar en un viraje trágico.

Estos problemas no le restan a la magia del filme ni se convierten en un obstáculo para que el público pueda tener la catarsis emocional requerida por el clímax de la trama. Aun con sus puntos débiles será recordada como el momento en que Lady Gaga se consagró como estrella de cine y Bradley Cooper inició una prometedora carrera como director.


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