El Santa boricua ha practicado por años la tradición de regalar juguetes nuevos y usados a los niños sin recursos económicos en Orlando, Florida. Aquí te explica cómo lo hace.

Orlando, Florida - Su casa está repleta de juguetes. En ocasiones, se llena de un pequeño ejército de personas que los reparan, limpian y empacan, pero no son duendes, y en estos días decenas de paquetes salen como volando para ser distribuidos, aunque por allí no se observó ningún trineo.

Harry Pecunia, de 70 años y natural de Aguadilla, no lleva el sombrero rojiblanco, pero nunca sale sin uno color blanco que es su sello distintivo. Su barba, pelo medio rojizo y su sonrisa contagiosa son meros detalles que ayudan a componer la imagen de este hombre que es, a fin de cuentas, un Santa Claus boricua en Orlando.

Hace 10 años fue a un “Flea Market” y divisó un escaparate repleto de juguetes. “Me los llevo todos”, le dijo al vendedor. En ese momento no sabía para qué los compraba, pero al poco rato le comentó a su esposa, Zaida, que repartiría los 125 juguetes comprados entre los niños de una escuela donde los niños no suelen recibir regalos en Navidad.

Desde entonces, cada septiembre comienza la jornada de recibir juguetes usados, y los prefiere así porque -según explicó- los juguetes usados suelen ser mejores que cuando alguien compra uno nuevo por un par de dólares para donarlo.

“Al principio, llevaba los juguetes a las escuelas públicas, pues supe que muchos niños vivían con sus familias en autos o en refugios y eso me dio mucha pena”, explicó don Harry, quien lleva viviendo en Orlando desde principios de la década de 1970. Al terminar su servicio militar en la Fuerza Aérea, en una base en Carolina del Norte, optó por quedarse a vivir en Estados Unidos donde crió a cuatro hijos que ya le han dado ocho nietos.

Luego, comenzó a trabajar en alianza con organizaciones comunitarias y sin fines de lucro, así como trabajadoras sociales de agencias y entidades que, por estar más cerca de casos familiares, podían referirles niños con extrema necesidad.

“El año pasado recibí 3,000 juguetes”, dijo Harry. Explicó que los niños nunca lo ven cuando los juguetes son entregados (como pasa con el Santa Claus del Polo Norte), y aclara que eso no le preocupa. “Lo importante no soy yo, sino que los niños reciban un regalo ese día”, afirmó.

La Nochebuena del año pasado recibió la llamada de una madre que no pudo conseguir la bicicleta que quería su hija. Entonces llamó a un buen amigo, quien se vistió de Santa. Se fueron a Kissimmee, entraron a una tienda por departamentos, compraron el juguete y siguieron a la habitación de hotel donde vivía la menor con su madre. “No puedes imaginar la cara de esa niña cuando vio a Santa llegando con la bicicleta. Entonces, de otras habitaciones empezaron a salir niños. Gracias a Dios que me dio por echar más juguetes en el carro para repartir”, manifestó.

De hecho, muchas familias puertorriqueñas que llegaron a Orlando desplazados, tras el paso del huracán María en el 2017 obtuvieron juguetes de los que el “Santa boricua” recibió ese año.

Don Harry aún no ha inscrito su entidad -que denominó ‘Second Hand Santa”- en el Departamento de Estado de Florida por todo el papeleo que implica y lo costoso que es el proceso. Prefiere mantener una operación a pequeña escala, sin burocracia y que facilite la entrega de los juguetes a quien realmente lo necesite.

Este año, la misión camina a toda velocidad. A esta fecha, ya ha recogido como 1,000 juguetes, pero Don Harry destacó que necesita para niños entre los seis y 12 años. Siempre son bienvenidas las baterías, el papel de regalo, la cinta adhesiva y regalos usados en general que estén en buen estado. Su casa, que es el taller mágico donde un juguete usado se vuelve reluciente, siempre está abierta y quien quiera ayudar puede llamarlo al 321-299-2390 o enviarle un correo electrónico: [email protected]


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