El investigador en feje de la delegación cubana, Mitchell Joseph Valdés Sosa contesta preguntas al finalizar la reunión en Washington D.C. (AP / José Luis Magana) (semisquare-x3)
El investigador en feje de la delegación cubana, Mitchell Joseph Valdés Sosa contesta preguntas al finalizar la reunión en Washington D.C. (AP / José Luis Magana)

La Habana, Cuba - El misterio de los “ataques sónicos”, un escándalo diplomático que representa la principal causa del enfriamiento de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, sigue lejos de resolverse, aunque ambos gobiernos han comenzado a intercambiar datos para buscar una solución al rompecabezas, a pesar de que el proceso se consuma en medio de un clima de desconfianza mutua que las autoridades cubanas tildan como “paso insuficiente, pero positivo”.

Estados Unidos reclama que 26 de sus diplomáticos en La Habana sufrieron afectaciones de salud que van desde síntomas de náusea o desbalance, hasta daño neurológico, en algunos casos severos.

El Departamento de Estado responsabiliza a Cuba por el incidente, porque entiende que, al menos, las autoridades cubanas debieron proteger a los diplomáticos estadounidenses de lo que calificaron en su momento como “ataques sónicos” y ahora llaman “ataques a la salud”.

Cuba ha rechazado sistemáticamente que tenga algo que ver en un ataque premeditado a personal estadounidense en el país y ha colaborado con agentes del FBI que fueron enviados a la isla en búsqueda de pistas.

Un comité con sus mejores mentes científicas fue encargado para arrojar luz sobre el misterio, pero los expertos cubanos no encontraron pistas de armas sónicas o factores ambientales que provocaran los extraños efectos en los diplomáticos estadounidenses.

El escándalo se complicó cuando Estados Unidos reveló que personal de su embajada en Pekín reportó problemas similares a los registrados en La Habana, lo cual sacó el tema de la exclusividad cubana y comenzó a barajarse la teoría de un tercer actor en la trama.

Reportes del diario The New York Times afirman que Estados Unidos evalúa la posibilidad de que un arma basada en microondas haya sido la responsable de los daños, mientras que la cadena NBC sostiene que las agencias de inteligencia estadounidenses señalan a Rusia como el sospechoso principal de los “ataques”.  

Lo cierto es que hasta el momento no hay una ruta concreta que aclare el panorama de los efectos en la salud de los diplomáticos estadounidenses ni tampoco de un pequeño grupo de canadienses que registró síntomas similares.

En un inusual gesto de cooperación en el tema, autoridades gubernamentales y científicos de ambos países se reunieron en Washington para intentar llegar a una solución del diferendo.

El encuentro, ocurrido en el Congreso y la sede de la Academia Nacional de Ciencias el viernes pasado, no rindió grandes frutos, pero representó un primer paso hacia la solución de un misterio que mantiene en vilo las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Cuba reportó que su equipo médico recibió un resumen los resultados de exámenes médicos hechos a los diplomáticos estadounidenses y presentaron sus propias investigaciones. 

“Al concluir elintercambio, los expertos de Cuba constataron que la información brindada no permite sustentar las hipótesis de ataques de salud y daño cerebral sugeridas hasta ahora por el Departamento de Estado como explicación de los síntomas que, según el propio Departamento, refirieron sus diplomáticos. En particular, reafirmaron que con la información intercambiada no es posible demostrar la existencia de un nuevo síndrome médico neurológico de lesión cerebral, ni afirmar que se haya podido producir un daño cerebral del tipo originado por golpes a la cabeza sin que se haya producido trauma craneal alguno. Esa idea es imposible”, sostuvo el gobierno cubano en una declaración oficial.

Los expertos cubanos afirmaron que “no se reportaron hallazgos indicativos de daño cerebral en las neuroimágenes. En dos individuos se reportaron signos leves y, en otro, moderados que, según los evaluadores, no son específicos, aparecen en múltiples enfermedades y podrían atribuirse a procesos que ocurrieron antes de que estas personas viajaran a Cuba. No ha sido posible acceder a estas imágenes por los expertos cubanos”.

En ese clima, la poca información disponible y el recelo de cada parte a abrirse por completo a la otra representan los principales desafíos para que una investigación bilateral eche adelante.

Pero un primer paso fue dado y el canal de comunicación se mantiene abierto para colaboraciones futuras, lo cual representa un adelanto importante.

“La delegación cubana expresó su voluntad de cooperación y reiteró que es de su mayor interés encontrar una explicación a los reportes descritos... Lamentó la ausencia de acceso a la información clínica y a los médicos que evaluaron al personal diplomático que reportó síntomas de salud. Sin embargo,  el equipo médico cubano considera que la celebración de la reunión constituyó un paso insuficiente, pero positivo. Hasta el momento, el intercambio científico y médico había ocurrido solamente de forma indirecta”, indica el parte oficial cubano.

“El equipo médico cubano trasladó la invitación al equipo de investigadores estadounidenses para sostener en La Habana otro intercambio científico en el futuro próximo, en el que participen también los profesionales que atendieron directamente a los diplomáticos estadounidenses”, agrega.

Está por verse si Estados Unidos acepta la invitación. De hacerlo, sería otro paso gigante en la búsqueda de una teoría definitiva que aclare este misterio.


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